Ahora estoy sordo y no te tengo, no valen lamentos, pude estar más a tu lado, en tu soledad pude ser tu acompañante, en tus fatigas pude aliviarte y ahora me duele que cuando pude no lo hice.
Me vienen las imágenes de tu último día, como flashes que se clavan en mi alma, necesito recordarte feliz cuando íbamos a comer fuera, o cuando estabas en mi casa a gusto.
Necesito llorar de pena de no tenerte, pero mi egoísmo no me deja pensar que tu solución llego, que te despediste y no te comprendimos, que tu soledad llego a su fin.
Ahora como creyente que soy, tu sitio no es este, con tus hijos y nietos, tu sitio esta con los que se adelantaron a tí y en comunión con todos los santos.
Pienso por un momento en el paso que has dado, cuando te incorporaste un poco de la cama, como si tu alma se despegara de tu cuerpo, que a tu lado estaría el papa dándote la mano y presentando a tu gran ilusión a tu madre, junto con padre, con tus abuelos, con el Tío Fernando y la chacha Angeles y Carmen, los la yaya, con tu primo Pepe, con tus primos de Sevilla, con la Lola la Misina, con la prima Eva, con todos tus seres queridos, con la Luisa la de la Luz, con amigas, conocidos, gente de todo el mundo, disfrutando de la verdad y convirtiéndote en una persona sabia, eso si ya no lo eras, porque ahora tu ya conoces la verdad.
Tu vida llena de obstáculos y porque no de alegrías, has demostrado que no ha estado vacía, has sabido dejar tu huella e inculcarnos, la honradez, lo simple, la unión que tanto echabas de menos en tu otra familia.
Ahora tus fatigas son el olvido, tus digestiones, tus cansancios, tu soledad, todo lo has dejado, has dejado tu preocupación de que sería de ti cuando fueras vieja, nunca lo fuiste mama, nunca te hubiera faltado de nada.
Nos has dejado solos, la familia feliz que estaba inundada de alegría cuando el papa llegaba de Santander, ahora es un recuerdo, que siempre lo ha sido, pero se hacía presente cuando tu estabas.
No me valen los recuerdos, me gustaría sentirte, darte un beso no tan frió como el del Tanatorio, sentir tus manos acariciándome mi cuello doloroso, sentir que cada vez te hacías más mayor con dignidad y poder celebrar contigo las cosas buenas que han de venir. Adiós mama o mejor dicho hasta luego mama.
Primo, acabo de encontar este blog. y no he podido evitar emocionarme.
ResponderEliminarMuchas gracias por traernos estos recuerdos. Un abrazo.
Gracias por compartir estas preciosas lecturas que han sido parte de nuestra vida.
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